ADELAIDA FERNÁDEZ DE JUAN

Malabarista de palabras y sonrisas

Adelaida Fernández de Juan nació en La Habana en 1961 es médica y narradora. Se graduó de medicina en 1985 y es especialista en medicina interna desde 1992. De 1988 a 1990 residió en Zambia en una mission especial. Su cuento “Dolly” fue publicado en la revista chilena Pluma y Pincel en 1994. El libro del mismo nombre, que reune nueve cuentos, fue traducido al inglés y fue publicado en Canadá en 1996. Luego se reeditó en Cuba con prólogo de Eliseo Diego. Obtuvo el Gran Premio Cecilia Valdés con su cuento “Clemencia bajo el sol” (1996) que luego fue llevado al teatro. También obtuvo el Premio Nacional de Cuento de la UNEAC con Oh vida (1998). Sus cuentos han sido traducidos a diferentes idiomas y han sido incluidos en antologías cubanas y extranjeras.

Las mujeres que pueblan las páginas de los libros de Adelaida Fernández de Juan son fuertes, poseedoras de una solidariadad increíble con otras mujeres, hasta capaces de matar para vengar la injusticia (como la mujer de “Clemencia bajo el sol”), madres que harían cualquier cosa para que sus hijos no sientan la tristeza de no poder celebrar un cumpleaños en pleno periodo especial (“Antes del cumpleaños”), mujeres luchadoras con una capacidad y necesidad de comunicación apabullante. Una de las características de la narrativa de Adelaida Fernández de Juan es su fuerza y su sentido del humor a pesar de la tragedia circundante. La ironía, el grito, la risa todo se combina y se produce una mezcla explosiva que también caracteriza a la propia escritora.

Cuando nos conocimos, me citó en su casa y al entrar vi a esta mujer delgada y alta con pelo muy corto y traje negro a quien acompañaba una perrita linda que estuvo presente durante toda nuestra charla. La casa de Adelaida Fernández de Juan está llena de cuadros de artistas cubanos famosos y fotos de gente de la cultura de dentro y de fuera de Cuba. No en vano la autora es hija de Roberto Fernández Retamar y Adelaida de Juan, ambos personalidades de la cultura cubana, gente que ha luchado por enaltecer la cultura cubana y muy comprometidos con el proyecto revolucionario. En el curso de la entrevista también pude conocer a uno de sus hijos, Rubén, un chico también alto, como su madre, y con una sonrisa espléndida, que se sentó en una de las mecedoras en las que estábamos hablando y que andaba jugando con un amiguito en la calle. La vitalidad de esta madre-médica-escritora es arrasadora. Da la impresión, cuando se habla con ella, de que está haciendo malabarismo con las palabras, con las ideas y, por otro lado, sabes que nunca va a dejar caer esas palabras al suelo. Es una malabarista de las palabras y de la sonrisa, una mujer con un alto compromiso con la vida.

De ahí que en “Clemencia bajo el sol” Cuqui, una mujer que tiene compromisos en plural, “ no sólo con los hombres, que eso es lo de menos, sino con otras personas y sobre todo con varias cosas que supongo que llamen ideas” (Habaneras 15) pudiera enseñar a hablar a su vecina rusa Ekaterina y que cuando la abandona y engaña su marido Reyes, Cuqui, debido a este alto compromiso mate con sus propias manos a Mireya, la amante de Reyes, aunque confiese que sólo quería castigarla. La determinación de este personaje es tan fuerte que Fernández de Juan termina el cuento poniendo las siguientes palabras en la boca de la acusada: “¿Qué dice? No, no me arrepiento. ¿Qué quiere que le diga? Mire, si algo tengo que lamentar, es que la sangre de la puñetera esa salpicara tan irremediablemente los libros de Tolstoi y de Chejov que estaban, tirados en la hierba, como esperando clemencia bajo el sol” (Habaneras 22).

Esa autora tiene un estilo muy característico y bastante distinto del resto de las otras escritoras que forman este retablo de mujeres cubanas. A pesar de que el aspecto coloquial y el sentido del humor estén presentes en los libros de otras autoras, Fernández de Juan consigue una oralidad en sus textos que es difícil de igualar. Cuando se leen sus cuentos a veces es como si estuviéramos hablando cara a cara con sus personajes, como si estuvieran vivos y nos ofrecieran un jugo de piña, como el que me brindó la escritora cuando fui a su casa. La presencia de estos personajes es tan intensa y viva que, cuando terminas de leer-hablar con ellos, la musicalidad y el tono de sus voces aún te acompañan en el silencio. Son personajes guerreros, la mayoría de las veces, guerreras que no desfallecen hasta cumplir sus objetivos. Mujeres que están dispuestas a perder el sueño antes de quedarse con los brazos cruzados. Creo que hay mucho de Adelaida Fernández de Juan en sus textos. De hecho ella nos confiesa en la entrevista que sus cuentos son muy autobiográficos.

La angustia de la mamá que está intentando organizar el cumpleaños de su hijo en pleno periodo especial es trágico-cómica pero se mete en la garganta cuando se lee el cuento “Antes del cumpleaños”. La mamá en esta historia hace lo posible y lo imposible y remueve cielo y tierra para que su hijo pueda olvidar que están viviendo un momento trágico de la historia de Cuba. Cuando no había ni para poder malvivir, esta mujer lucha para que su hijo, los amiguitos de su hijo, los papás de los amiguitos de su hijo y demás personas del vecindario puedan olvidar por unas horas los momentos de escasez que se estaban viviendo en Cuba. Es una mujer que puede obrar el milagro a pesar de la angustia, como los personajes de García Márquez. El milagro de la felicidad y de poder vivir en otra dimensión dentro de las circunstancias de la vida recuerdan a los personajes del autor colombiano en cuentos como “La jaula XXXX”, “El ahogado más hermoso del mundo”, o incluso su novela corta Relato de un naúfrago. Esta mamá, a punto de naufragar por no poder encontrar ni el cake, ni las velitas, ni los cubiertos para hacer la fiesta de cumpleaños, no tiene nombre porque puede ser cualquier mamá cubana en los noventa intentando hacer lo mismo. Esta mujer no se ahoga, sobrevive, sigue luchando y hace posible lo imposible, que sus hijos no recuerden estos momentos como difíciles ni angustiosos. Incluso al final del cuento hay espacio para la risa y la ternura, cuando el marido comenta todas las maravillas que ha tenido que realizar en la casa para conseguir lavar con agua de la lluvia, economizar el gas tan esacaso, cubrir las goteras del techo, etc. La mamá, en medio de toda esta situación que podría parecer desesperante encuentra un lugar para la risa y en medio de la carcajada incontrolable que le produce todo esto el matrimonio se abraza “justo cuando amanecía, sin tiempo para más y se sintieron extrañamente dichosos, como si la esperanza, que se les había alejado demasiado, comenzara a regresar una vez más” (Cuentistas cubanas de hoy 97).

El corazón tan palpitante, tan presente en los textos de Adelaida Fernández de Juan es el motor de las acciones de todos sus personajes. Fernández de Juan tiene una vitalidad que se desprende por todos los poros de su persona. Sus ojos radiantes contagian su compromiso, su sinceridad raya el silencio. Es una loba protectora de sus hijos y de lo suyo aunque, a la vez, se nota que es una mujer generosa que se abre a quien se le acerque porque no tiene nada que ocultar, porque es transparente y franca, alguien que adora el humor y que es capaz de sacar lo mejor de cada situación que se nos presenta en la vida. Ha sido todo un honor conocer a alguien con tanta humanidad en estos días aciagos de guerra y desesperanza.