20 marzo, 2016 0 Comentarios AUTOR: Laidi CATEGORÍAS: Estampas, Literatura Etiquetas:

¿De qué viniste?

Una amable lectora me pide que escriba sobre la manera en que las mujeres son invitadas a actos protocolares como recepciones, citas en embajadas, cocteles, etc. Ante mi declinación, por pura ignorancia (no suelo recibir invitaciones para casi nada), la propia lectora me brinda amablemente los datos necesarios para una estampa, y allá vamos. Intentaré complacerla porque de verdad vale la pena correr el riesgo de continuar sin ser invitada a casi todo. O sea, a casi nada. Resulta que en las invitaciones, que mi amiga colecciona, -ya somos amigas a partir de esta colaboración suya-, jamás se menciona el nombre de la dama, sino que un frío y diminuto “sra” aparece junto al nombre del caballero. Pongamos por caso: “El Señor Embajador de la República de Mulgavia tiene el honor de invitar a Perico de los Palotes y sra a la recepción que será efectuada el día X del mes Y a las Z horas, con motivo del XXXXXXXXXXX aniversario de la fundación de la nación”.
Durante muchos años, las sras han acudido en tropel a dichas recepciones, y lo mismo sucede en cocteles, en jardines donde se ofrece recibimiento a personajes famosos a nivel mundial, e incluso encima de barcos. Cuando llega a las costas cubanas uno de esos buques escuelas, circulan invitaciones donde se expresa la satisfacción porque Melgarejo asista a la cubierta del buque, con su sra.
Una variante mejorada es sugerir que Ciclano vaya a tales actos con “su acompañante”. Ejemplo: “El capitán de fragata Ladislao Zarajegovich invita a Sandalio Estupiñán al coctel que ofrecerá a bordo del barco Roja Esperanza. La invitación se extiende a su acompañante”. Como puede comprobarse, de forma sutil ya no es obligado el sra, de manera que en este caso, Sandalio puede ir al buque junto a Enmanuel, sin escandalizar al capitán Ladislao. Ha querido la fortuna que más de un Embajador esté casado con una persona de su mismo sexo biológico. Esto condiciona que en las invitaciones que cursan los países que ellos representan, se tenga especial cuidado en detalles como “sras” y “acompañante”, seleccionando lógicamente la segunda variante. De ahí que las mujeres invitadas ya no son sras sino acompañantes. Y las parejas del mismo sexo pueden acompañar a sus amores sin preocuparse, aunque sean sus sras. El embajador de un país asiático se destaca por su delicadeza: las invitaciones que cursa contienen el nombre de la persona que podrá asistir junto a quien realmente quieren ver. Verbigracia: “El señor Xao Chieng Thang tiene el gusto de convidar a Lázaro Medina, Director de la Empresa de construcciones Codos izquierdos y a Gumersinda Neninger”. Chieng Thang pretende conversar con Medina, pero tiene el detalle de incluir en su nota a la esposa del Director con su nombre: Gumersinda, conocida como Gumer la jabá. Queda claro que detrás de semejante delicadeza existe una labor mínima de inteligencia, que en este caso sería doble: Alguien se encarga de averiguar el nombre de la pareja, y así demuestra la inteligencia de ser complaciente con quienes pretenden agasajar. Intuyo que las Jefas de Despacho de los directivos desempeñan una importante labor para estos menesteres. Imaginemos la escena: El secretario del secretario de Relaciones Públicas de X país sugiere al secretario del secretario del Cónsul que invite a Zutano a la celebración de Y ceremonia. Luego de la cadena de mando correspondiente, se fija fecha para el evento, y comienza la fase preparativa del festejo. Obviando todo el barullo que implica conseguir sillas, comida, bebida, personal de servicio, de seguridad y etcétera, vayamos a la parte de la confección de invitaciones. Para cumplir con la delicadeza de no cometer torpeza alguna, el tercer secretario se comunica con la segunda secretaria del Director de Proyectos (Dipro, para abreviar) y le pregunta por el nombre de su pareja. “Déjeme pensarlo, compañero Chao Ming Táo…creo que últimamente el Director sale con el polaco Melisandro Jiménez”. Al asiático le parece no haber entendido bien, y opta por una tercera salida. Redacta entonces “El señor Xao Chieng Thang tiene el placer de invitar a Marcelino Gutiérrez, Dipro, a la recepción de nuestra embajada. Válido para 2 (p)”, con lo cual instala el sano hábito de parecerse a los tickets de entrada a los teatros. Esos cartoncitos en los que somos “p”. A veces 2, a ratos 4, pero siempre “personas o p”.
El meollo del asunto es ¿qué sucede cuando el personaje principal de la invitación es mujer? Ah…entonces suena muy raro: “El señor embajador, el Capitán de Navío, el Presidente de Eventos Circenses (cualquier variante) tiene el gusto y el honor de invitar a María Teresa de Jesús Candelaria de las Mercedes de la Caridad (nótese que prolongan el nombre de Mayté para disimular lo que vendrá después), y a su sr. a los festejos por …..” Cuando el marido de Mayté lee “eso” monta en cólera. Y la secretaria de María Teresa se comunica entonces con quien sea de la Embajada para pedir que por favor, rectifiquen la invitación y pongan “acompañante”. Porque las mujeres podemos ser sras muchas más veces que los hombres sres. Y debe reconocerse que es mucho más altivo ser “acompañante” o incluso “p” que señora o señor. No porque “suene” a feudalismo, sino porque nadie, sobre todo nadie varón, se siente cómodo en ese plano segundón que tantas veces hemos ocupado las damas. Sería muy divertido el siguiente diálogo en los jardines de un consulado cualquiera: -Hola, Macunda, qué gusto verte aquí. ¿De qué viniste hoy, de p, de sra o de acompañante?
-No, mi china, hoy estoy de principal, mi sr es aquel de la camisa malva. Vaya, mi acompañante, como dice la invitación”.

Agregar un comentario

ENTRADAS RECIENTES

Categorías

diciembre 2018
L M X J V S D
« Abr    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

SÍGUEME

Suscríbete


LAYOUT