25 septiembre, 2015 0 Comentarios AUTOR: Laidi CATEGORÍAS: Estampas, Literatura Etiquetas: ,

En las películas

En las películas abundan los alérgicos al maní, los taxis siempre se dirigen al aeropuerto, y los tuertos son malísimos. Cuando aparece un cristal grande sujetado por varios hombres es porque de inmediato lo van a romper en medio de la calle, y la gente guarda las llaves de la casa debajo de la maceta de la entrada. En la vida real amanecemos desgreñados y de mal humor, pero en las películas las mujeres se despiertan con los labios pintados, y los hombres con deseos de explicar que tienen una reunión urgente. No se por qué, la mujer duerme con la camisa a cuadros del hombre con quien ha tenido relaciones sexuales, y a él le suena el móvil en mitad de “aquello”. Las cocinas son relucientes y más espaciosas que un salón de baile, pero en el closet apenas cabe el niño que se esconde cuando entra el asesino.
Las escenas nocturnas solo sirven para dos propósitos: para cometer un crimen o para acechar a la víctima. Si el tema de la película es social, se excede en miserias, favelas y gente desamparada, pero cuando el asunto es de amor, enseguida aparecen tiendas adornadas de Navidad. El policía que está a punto de jubilarse (“la semana que viene” dice) es al que matan en el tiroteo, y casi nunca un feo es “el muchacho de la película”.
Jamás se lava, se tiende, se trapea o se bota la basura. Se friega, eso sí, porque en la reluciente cocina se establecen diálogos entre adultos que están a punto de ser infieles mientras cae el chorro de agua encima de las copas. Otra característica de las películas es que la gente se habla sin mirarse a los ojos. Es el único escenario donde las personas conversan de espaldas. No importa si para enamorarse o para insultarse: el caso es no mirarse. Cuando la pasión ciega a los protagonistas, las cosas se resuelven en la mesa del comedor. Lo mismo se estrangula que se ama. En ambas situaciones, de un manotazo se lanzan al suelo todos los adornos que hasta ese instante reposaban en la mesa. En lugar de fijarme en lo que está a punto de ocurrir (un coito, un homicidio) yo me estrujo las manos pensando en la laptop, en el búcaro, en las jarras y en el florero que han sido reducidos a puros añicos.
Los niños de las películas se duermen sin armar jaleos. La mamá y el papá (casi nunca hay abuelos) se asoman al cuarto, cuyas paredes están empapeladas con nubecitas, dicen “Buenas noches mi amor” y apagan la luz. Son muy extremistas las películas: si el asunto es denunciar, nadie es feliz, y si es exaltar un sistema social, nadie muestra desdicha, cuando en la vida real todo se matiza. Sin embargo, es comprensible que en pocos minutos se pretenda resumir un mensaje. Todo esto que he descrito resulta más o menos “pasable”. Excepto un detalle: la resistencia anatómica frente a golpes, caídas, explosiones y lanzamientos por aire es sobrehumana. Vemos una escena, por ejemplo, donde al muchacho le disparan en el pecho, lo patean por la espalda, le prenden candela a la ropa, con una soga le aprietan el cuello y a los pocos minutos, sale caminando sin un rasguño. La gente de las películas está como forrada con amianto y en lugar de dermis, tiene chaleco antibalas. Lo terrible es cuando nuestros muchachos se creen las películas. No solo el mensaje sino la inmortalidad del protagonista. Y luego nos miran con lástima. No por la precariedad económica de nuestro hogar sino porque al baldear el portal, nos resbalamos y un pie se nos torció. Y claro, no entienden que por esa sencillez nos diagnostiquen “fractura del tercer metatarsiano”, nos coloquen una bota de yeso y nos mantengan en reposo durante 21 días. Es lo que digo: en la realidad monda no habremos visto a nadie con la garganta hinchada por alergia al maní, ni a nadie guardando las llaves debajo de una maceta, ni mucho menos tiramos una laptop al suelo, pero una especie de complejo de inferioridad nos asalta cuando tenemos un esguince. Por suerte, si vamos al Policlínico nos encontramos al actor más grande de Cuba en la cola para el dentista. “Uy, menos mal”, pensamos: “a éste le duele una muela, como a todo el mundo”.

Agregar un comentario

ENTRADAS RECIENTES

Categorías

diciembre 2018
L M X J V S D
« Abr    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

SÍGUEME

Suscríbete


LAYOUT